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Hola, soy Chano, y tengo historias que contar

Sé cómo termina este sueño

Chano Vera
Cuenta cuentos
marzo 31, 2017

Desperté a media noche, cómo tantas otras veces y sí, cómo tantas otras veces la razón es la misma; soñé contigo.

Cómo tantas otras veces soñé que habías decidido quedarte conmigo; nos casamos, teníamos la casa que queríamos, el trabajo que queríamos, la vida que queríamos, nos teníamos uno al otro. Aún no teníamos hijos, pero ello no nos causaba pena, ya llegarían. Cada mañana era una rutina, de esas buenas, de esas que hacen aplaudir y brincar al alma; cada mañana despertaba y veía tu cabello enmarañado, cómo una selva, abarcando la mayor extensión posible, cada mañana sonreía con tu sonrisa llena de vergüenza porque no entendías cómo podía amar tanto cabello, cómo podía quererte tanto. Despertabas y mientras te bañabas preparaba el desayuno; tus eternos huevos preparados de mil maneras, y mientras cantabas en la regadera me descubría cómo el ser más feliz del mundo. Nos casamos y dejaste el canto, aunque nunca dejaste de cantar, solo que ahora solo cantabas para mí, dos veces al día, la primera de ellas en la ducha, la segunda al final del día. Ya llegaré ahí, deja te sigo contando.

Desayunabas de prisa, cómo siempre, porque tardaste mucho tiempo en el baño, cómo siempre; amaba la rutina de verte apurada tratando de escapar de mis brazos, porque no paraba de abrazarte cuando ya te ibas y cuando te soltaba, ya no querías irte, era el mismo cuento cada día, verte reír mientras te dejaba escapar sin ganas de escapar.

No trabajábamos juntos; lo intentamos al principio, pero no funcionó; al parecer es verdad que las personas necesitan espacio para desarrollarse; juntos, pero no revueltos.

Me iba al trabajo y el resto del día no pensaba en ti. No pensaba en ti porque te sentía en mi pecho en cada cosa que hacía, y todo era una rutina para la mejor parte del día, regresar a casa.

Siempre llegabas primero, entonces siempre encontraba esa calidez que llevabas a todos lados cuando yo llegaba a casa, mi casa, nuestra casa, mi lugar favorito.

Te abrazaba, olía tu cabello, te besaba y siempre decía una mentira:

—Te extrañé—

Sabías que era mentira, porque nunca te extrañaba, ¿Cómo extrañarte si lo llenabas todo en mi vida? Pero te encantaba escucharlo, luego me platicabas tu día y cómo siempre, te reías mucho, y cómo siempre, te miraba embelesado, luego, jugaba con tus rodillas, con tus dedos, con tu boca, me esforzaba por seducirte cada día, y cada día hacíamos en amor totalmente enamorados. Entonces te decía siempre lo mismo:

—Te amo—

Siempre era verdad, y lo sabías, y eso te hacía feliz. Entonces, sucedía mi parte favorita del día.

Me cantabas al oído. Tu segundo canto del día. Cada mañana me erizaba la piel al recordarte del día anterior mientras tomabas la ducha. Cada noche era el ser más afortunado de la creación por tenerte en mi vida. Cada noche eramos un nosotros perfecto.

Entonces me invadía un terror. El mismo de siempre, pero nunca fallaba, las palabras salían de mi boca sin que pudiera evitarlo:

—Amo tenerte en mi vida—

Y en medio de mi terror nocturno sabías las palabras que saldrían de tu boca:

—Sabes bien que no estoy aquí—

Entonces despertaba, en medio de la noche.

Por eso no me gusta dormir, porque sé cómo termina ese sueño.

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